Alas de Isis. (Web de Egipto)

Sobre el Calendario

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Podemos considerarnos afortunados, entre millones de seres humanos, que hemos podido llegar vivos hasta aquí para presenciar el final de un milenio y el principio de otro. Esta página fue escrita a raíz de la (falsa) polémica surgida sobre cuándo era realmente el principio del milenio, si el año 2000 ó el 2001.

Mars 2001 Odissey
NASA 2001
Mars Odissey

Pero no hay que ponerse trascendentales, ya que se trata de una efemérides artificial.

2001 A Space Odissey

2001
A Space Odissey

¿Quien sabe la edad real de este planeta?

Además, cada civilización tiene su propio calendario. En el caso del año 2001 de la era cristiana: para los judíos estaríamos en el 5761, de acuerdo con la fecha en que YaHVeH creó el mundo. Para los musulmanes estaríamos en 1421, (se puede calcular en http://www.unizh.ch/ori/hegira.html), conmemorando el exilio (Hégira) del profeta Mahoma en Medina. Para los chinos estaríamos en 4699. Si los mayas nos hubiesen impuesto su civilización, estaríamos en 5117, y para los budistas, religión con más puntos en común con el cristianismo que lo que se ve a simple vista, estaríamos en 2128.

Para ver la fecha actual según diferentes calendarios vete a: http://isotropic.org/uw/date/

KALENDARIUMNo está mal. Desde nuestra Europa privilegiada hemos impuesto al resto del planeta un calendario que desciende de los romanos, aunque ellos usaban como origen de la cuenta la fecha mítica del nacimiento de Roma. Su calendario inicial constaba de 10 meses. Y eso se lee de lejos. Fijaros que Septiembre sería el mes 7, Octubre el 8, Noviembre el 9 y Diciembre el 10, pero eso provocaba grandes desequilibrios, especialmente en las fuerzas "económicas" del imperio.

El problema es que de vez en cuando, y por decreto, se paraba el tiempo en un determinado día hasta que volvía, digamos, a hacer frío en diciembre. Como consecuencia de ello, al ser, por ejemplo, 28 de Junio durante 6 meses, los usureros no podían cobrar las deudas que vencían cada mes. De hecho la palabra viene de calendarium (ver link) , que era la cajita donde los prestamistas guardaban los recibos de las deudas, los nombres de los deudores, las sumas totales.

 

Julio CésarHasta que en época de Julio César, los prestamistas y usureros presionaron para que se corrigiese el error. Por suerte, Julio César sintió como muchos otros la fascinación en su visita a Egipto y los conocimientos allí guardados, -amén de sus relaciones con Cleopatra-, y descubrió que miles de años antes que él, los egipcios ya habían calculado exactamente la duración del año solar, incluidos los bisiestos, con milimétrica precisión.  

 

 

Augusto

Como premio a su exacta modificación, el pueblo le asignó a su nombre uno de los dos meses adicionales, antes de que Brutus le asestara una puñalada. A César Octavio Augusto (ver link), que había introducido otros perfeccionamientos en el sistema, se le asignó el mes más caluroso. Tiberio, su sucesor, un señor mucho menos pagado de sí mismo, se negó a que septiembre fuese su mes, si no no habrían tenido meses para tanto emperador.

Si no hubiese caído el Imperio Romano, ahora seguiríamos hablando en latín y estaríamos en 2754.

En el año 525, cuando ya Constantino había declarado al cristianismo como religión oficial del Imperio, el monje Dionisio investigó la fecha del nacimiento de Jesús, y desde entonces venimos usando ese origen como año 1 de nuestras cuentas. Cometió un error de 7 años contabilizando la fecha del fallecimiento de Herodes, y lo venimos arrastrando desde entonces.

Es decir, que se podría haber celebrado el 2001 como principio del tercer milenio, o cualquier otro año cercano.

Esto es lo que hay. Y para celebrar el cambio de año, siglo y milenio, os obsequio con unas palabras y artículos que me han gustado últimamente.

Espero que os gusten también.

Hay una web especializada en diferentes calendarios con varios premios. No te la pierdas:

Today's Calendar and Clock Page

 

"Cuando la fe se convierte en odio, benditos sean los que dudan"

Amin Maalouf

 

De Amín Maalouf, (Líbano, 1949), pág. 78 de su novela "El viaje de Baldassare". Editorial Alianza Literaria.

 

"Sólo que cuando dije, durante la charla, que en mi opinión uno de los preceptos más hermosos del cristianismo era «Ama a tu prójimo como a ti mismo», advertí en [el judío] Maimún un rictus de duda. Le animé en nombre de nuestra amistad, y también en nombre de nuestras comunes dudas, a que me abriera el fondo de su pensamiento, y me confesó:

— Esa recomendación parece a primera vista irreprochable, y por otra parte, antes de adoptarla Jesús ya se encontraba en términos similares en el capítulo diecinueve del Levítico, versículo dieciocho. Sin embargo, suscita en mí algunas reticencias ...

— ¿Qué le reprochas?

— Viendo lo que la mayor parte de la gente hace con su vida, viendo lo que hacen con su inteligencia, no siento ningún deseo de que me amen como a ellos mismos.

Quise responderle pero levantó la mano:

 — Aguarda, hay algo más inquietante, a mi juicio. No se le podrá impedir nunca a algunas personas que interpreten ese precepto con más arrogancia que generosidad: lo que es bueno para ti es bueno para los demás; si tú posees la verdad, debes llevar por el camino recto a las ovejas descarriadas, por todos los medios... De ahí vienen los bautismos forzosos que mis antepasados tuvieron que sufrir en Toledo, en tiempos. Esa frase, lo que son las cosas, la he oído más a menudo en la boca de los lobos que de las ovejas, de manera que, perdóname, desconfío de ella ...

— Tus palabras me sorprenden... Todavía no sé si tengo que darte la razón o quitártela, tengo que reflexionar... Siempre he pensado que esa frase era la más hermosa ...

— Si buscas la frase más hermosa de todas las religiones, la más bella que haya salido nunca de la boca de un hombre, no es ésa. Es otra, pero también fue Jesús quien la pronunció. No la tomó de las escrituras, ahí se limitó a escuchar su corazón.

¿Cual? Yo la esperaba. Maimún detuvo un momento su montura para darle a la cita una solemnidad:

— El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra."

De Amín Maalouf, (Líbano, 1949), pág. 90 de su novela "El viaje de Baldassare". Editorial Alianza Literaria.

 

Roma somos nosotros.

 Por Juan Eslava Galán

Los romanos profesaron un sano politeísmo y no vacilaron en adoptar a los dioses de los pueblos a los que sometían, incluso instalando en el templo de Júpiter Capitolino –el lugar más sagrado de Roma- las imágenes y objetos sagrados capturados (por ejemplo, la Menorah y la Mesa de Salomón).

El cristianismo, una secta disidente del judaísmo, fue incorporando con admirable sincretismo los elementos más atractivos de las religiones mitraicas, solares y mistéricas, escaló la cúpula imperial y, en cuanto se hizo con el poder, fiel a su vocación monoteísta, persiguió los otros cultos del Imperio. Pero no pudo evitar (tampoco quiso) que una parte sustancial de estos cultos se incorporara al cristianismo perdurando hasta nuestros días.

Los romanos adoraban a doce dioses mayores, la corte olímpica de Júpiter, y a varios cientos de dioses menores de los que descienden la mayoría de nuestros santos y mártires.

La Diosa Madre arcaica, que en Roma recibía los títulos de Deméter e Isis, conformó la figura de la Virgen María, el único vestigio de cultos femeninos permitido por el cristianismo misógino; San Juan (los dos san juanes) son –claramente– la versión cristianizada de Jano, el dios de las puertas y de los caminos, que también se refleja en San Pedro, el de las llaves; los Dióscuros dieron lugar a una pléyade de santos gemelos, muchos de ellos militares, tan venerados por los templarios y sucesores calatravos.

Los romanos eran muy pragmáticos: para lograr los favores de los dioses acudían a los santuarios, generalmente situados en enclaves significativos, y les ofrecían torta y exvotos. Esta religiosidad popular ha perdurado en nuestros santuarios, donde las ofrendas son ahora de velas de cera o limosnas y cada vez menos de exvotos, esas figurillas que representan todo el cuerpo humano, o animal, o solamente la parte curada. Las cruces en las encrucijadas de caminos descienden directamente de las hornacinas romanas que marcaban estos lugares. Igualmente, muchas ermitas cristianas sustituyen a oratorios romanos en lugares sagrados antiguos, generalmente prerromanos, instalados en lugares de poder donde se concentran energías telúricas: cuevas, fuentes, roquedos... Algunas romerías son todavía trasunto de fiestas romanas: cultos a la fertilidad. Góngora las llamaba ramerías, sin comprender que el aparente desenfreno sexual en el que incurrían sus participantes era el eco lejano de un culto más antiguo y más renovador que el estrecho cristianismo que él profesaba.

Los paralelos se multiplican: nuestros conventos de monjas descienden de los atrium vestae romanos habitados por mujeres con voto de castidad; los supersticiosos siguen haciendo la higa romana (digitus infamis); el símbolo clásico del falo perdura en llamadores de puertas y en marmolillos de caminos asociados a lugares sagrados. Incluso a un nivel más elevado la influencia es notable: los conjuros de los obispos contra las malas cosechas, los exorcismos contra la posesión diabólica, los aceites litúrgicos y las mil menudas formas de magia existentes en Europa son también patrimonio de antiguas religiones pasadas por el tamiz romano.

Roma unificó las creencias; la Iglesia que suplantó su organización imperial se quedó también con esta rica cosecha.

Roma somos nosotros. 

Juan Eslava

 

Juan Eslava Galán, (Arjona, JAEN 1948), es escritor, ganador del Premio Planeta y autor, entre otros libros de "La Roma de los césares".

(Artículo aparecido en la Revista MAS ALLÁ, Monográfico de Roma, nº33, Junio, 2000)

 

 

REYERTA DE NOCHEBUENA

(Navidad, 1999)

Juan Eslava Galán

Dentro de cinco días, si Dios no lo remedia, y no lo remediará puesto que se trata del cumpleaños de su Hijo, celebraremos, un año más, la Nochebuena. Al reclamo del marisco descongelado y del mantecado industrial tornarán los hijos dispersos  al hogar de su infancia y se reunirán las familias, aumentadas por los cuñados, yernos, nueras e hijos habidos en los distintos matrimonios o emparejamientos. Un evidente potencial de conflicto que aumenta con la ingestión de vinos espumosos, los cuales, si en  un principio euforizan y nos hacen concebir un mundo estupendo en el que todo el mundo es bueno, cuando se insiste en ellos, desinhiben y, salvada la barrera de la hipocresía y del falso amor navideño, hacen aflorar viejas rencillas, rencorcillos que parecían olvidados, agravios comparativos que un día se maldisimularon... en fin, a los hechos me remito: la Nochebuena del año pasado, (vease EL MUNDO  26, XII,1998, pg. 33) la policía de  Madrid intervino en casi mil reyertas y discusiones familiares y agresiones entre parientes de primer grado.

Es evidente que estamos tergiversando el verdadero espíritu de la Navidad. Partamos de la base de que  el objetivo de estas fiestas es deprimirnos para que, como mecanismo de compensación,  adquiramos una serie de productos innecesarios, e ingiramos alimentos de alto contenido calórico que nos añadirán, al sobrepeso habitual, un par de kilos suplementarios dificilísimos de eliminar después. Ese cataclismo económico-afectivo se puede mitigar si seguimos dos reglas sencillas. Primera: que cada  cónyuge cene con su familia carnal. Limitémonos a ser  padres, hijos o hermanos, parentescos ya de por sí suficientemente conflictivos, y no los mezclemos con nuestra condición de suegros, cuñados o nueras.

 Segundo; prohibido evocar la infancia feliz que no lo fue tanto: las palizas que nos propinaban los padres cuando no había teléfono del menor; los agravios comparativos dimanantes de favoritismos; los malos tratos de que hacía objeto el abuelo a la abuela, o aquel chantaje a la hermana sorprendida con el novio en el desván.

Esta Nochebuena, cuando el vino nos suelte la lengua y la memoria, recordemos que los policías también tienen familia y merecen una noche de paz, noche de amor. Desempolvemos las viejas zambombas, sonriamos y entonemos villancicos delante del Árbol de Navidad de plástico que sustituyó al viejo nacimiento y tengamos la fiesta en paz.

¡Feliz Navidad!

(Publicado en el diario El Mundo, edición de Sevilla)

 

 

NOCHE DE PAZ

(Navidad, 2000)

Juan Eslava Galán

Esta noche nace el Niño Dios y, como todos los años, nos reuniremos a celebrarlo la familia, incluyendo la yunta de cuñados. Mi madre pondrá el consomé, que le sale estupendo, y cuando mi cuñado Cristóbal, el neocatecúmeno y neogastrónomo, me diga: “¿No lo estropeas echándole ese chorrito de moriles?”, yo le responderé: “Puede que lleves razón, pero dime ¿qué hay de cierto en que Cristo no nació en el año uno?”, lo que animará a Teodoro, mi otro cuñado, el agnóstico, a declarar ácidamente: “Cristo nació en el año menos cuatro y, por lo tanto, no estamos saliendo del 2000, sino del 1997”

En este punto, llegará la ensalada de mariscos con su cuenquecito de mayonesa elaborada, tomen nota, no con grasa de girasol, sino con aceite de oliva de cero coma cuatro grados, y mientras los no beligerantes atendemos a las gambas blancas de Huelva, Cristóbal intentará rebatir que, si Herodes el Grande murió en el año 4 antes de Cristo, como se ha probado, y el censo de Quirino se realizó unos diez años más tarde, existe un hiato de diez años entre las fechas propuestas por los evangelistas Mateo y Lucas. La discusión irá subiendo de tono, mientras los demás terminamos las gambas y apuramos el blanco del Condado.

Después, seré buen chico y llevaré los platos a la cocina –los de mis cuñados intactos- y proseguiremos con el pavo mientras ellos argumentan sobre el día del Nacimiento, un tema algo turbio, dado que, como Teodoro no dejará de señalar, ha ido cambiando, un tanto erráticamente: unas veces el 28 de marzo; otras, el 20 de mayo; el 29 de septiembre; el 6 de enero, hasta que la Iglesia lo dejó en el 25 de diciembre para alzarse con la clientela de los paganos, que celebraban en ese día el nacimiento del dios de la luz, Mitra. En esa diatriba llegarán los postres, los helados, los turrones, el espumoso, las hojaldrinas de Arjona, y, lo último de todo, el pastel de la Encarnación que todos los años me manda, por Navidad, sor Amparo, mi amiga clarisa granadina, un pastel nazarí hecho con esas benditas manos virginales que no conocieron carne de varón y se reservaron para amasar y hornear ese cachito de cielo. ¡Dios te bendiga, sor Amparo, amiga en el Señor, porque me reconcilias con la Navidad, a pesar de las contradicciones de Mateo y Lucas, evangelistas, y del coñazo nochebueno de Cristóbal y Teodoro, cuñados!

 

(Publicado en el diario El Mundo, edición de Sevilla)

BARBITETONA

(Navidad, 2001)

Juan Eslava Galán

A mí que no me hablen de alegría navideña porque tengo un disgusto muy grande. Esta mañana, en cuanto desayunamos me dije: Voy a aprovechar antes de que sea más tarde y las tiendas se pongan de bote en bote, así que recogí la mesa, puse el lavaplatos, convencí (le tuve que dar cuarenta duros) a Raul-José para que me programara el vídeo para grabar la telenovela, que no me la quiero perder porque cuando me la pierdo luego no me la saben explicar, o me lo trabucan todo, (yo creo que lo hacen a mala leche porque están tan acostumbrados a verla a una hecha una burra que me han perdido el respeto).

Total que me plantifiqué el abrigo de astracán y salí a comprar el kit de belleza de la muñeca Barbitetona de mi hija Jessica-Brígida. Yo quería que los reyes le trajeran un abriguito, que parece que el invierno en plan serio vendrá a partir de enero, pero como resulta que ha convencido a los abuelos para que le regalen la muñeca Barbitetona multifunción (ovula, menstrúa, concibe, pare, en fin, todo) y la tita Carmenchu le tiene ya comprado el aplicador del barbitampax y mi cuñada Julita le ha regalado los barbialimentadores del depósito menstrual y de las glándulas sudoríparas, pues parece que no me han dejado mucho donde escoger, así que he salido a buscarle el kit de belleza. Llego a la tienda, lo pido y me pregunta la dependienta (trabajo basura temporal, de lo más desabrida): "¿Quiere el básico o el completo?", y yo, la verdad, me pensé, vamos a mirar por la peseta, o sea por el euro, porque, al fin y al cabo, la niña a los dos días se olvida de la muñeca, si la conoceré yo que la he parido, así que le dije: "No, déme usted el básico."

Y la dependienta me dice: "Usted verá lo que hace, pero le conviene más el completo, que sólo cuesta treinta mil pelas". "¿Treinta mil por cuatro potingues de juguete?" "De juguete se lo parecerán a usted, señora: la Barbitetona tiene una epidermis imitación carne que requiere cremas reafirmantes, hidratantes, rejuvenecedoras, antiarrugas, anticelulíticas y el plan belleza en siete semanas". "¿Y si no le ponemos nada de eso a la muñeca?" le dije. "Mire usted, en confianza, regáleselo porque de lo contrario tendrá que costearle una cirugía estética completa con sus peeling y sus liftings antes de Semana Santa y le va a salir más caro". Total, le compro a la niña el kit de belleza completo, regreso a casa y me encuentro a mi Pepe liado con la Barbitetona multifunción.

Qué asco esto de ser ama de casa, madre y esposa.

 

 

 

SANTA CLAUS

Juan Eslava Galán

(Navidad, 2002)

Cada año me prometo que será el último que asisto a la cena de Nochebuena familiar, con su tradicional reyerta, pero de un año a otro lo olvido y reincido.
Este año la inevitable discusión ha estado a cargo de mis cuñados Pascual, el nihilista, y Norberto, el opusdeísta. La provocación partió de Pascual cuando precisó que los Reyes Magos fueron seis o incluso setenta hasta el siglo IV. Luego los dejaron en tres y blancos, y hasta el siglo XVI no hubo uno negro. Puras fábulas para engañar a la gente. Al oír esto, Norberto, el que le reza a san Josemaría, olvidó su mansedumbre cristiana y apuntando al ateo con un langostino ultrasemicongelado le espetó:
-Y tu Papá Noel es la mistificación neoyorkina de san Nicolás de Bari al que los holandeses llamaron Sinter Klaas cuando era patrón de los marineros y las putas de Amsterdam, y luego lo imaginaron como un ogro vestido de verde hasta que la Coca Cola lo adoptó como imagen promocional de la Navidad y lo vistió de rojo y simpático.
-Santa Claus encarna el espíritu festivo del cambio de año sin mistificación religiosa -replicó Pascual-. No introduce ningún mito religioso irracional, como esos tres reyes de los meapilas.
-¿Racional Santa Claus? Ya me dirás si es aceptable lo de los renos voladores y el gordo que baja por la angostura de las chimeneas a repartir regalos. Tendría que visitar más de noventa millones de hogares de la Cristiandad en una Nochebuena de 31 horas (gracias a los usos horarios y a la rotación de la tierra) y recorrer más de cien millones de kilómetros. Eso supone 822,6 visitas por segundo, lo que incluye escoger el regalo, bajar por la chimenea, dejarlo, subir por la chimenea y reemprender el viaje, sin pararse siquiera a mear de vez en cuando. O sea, totalmente imposible.
La discusión fue subiendo de tono, cada cual con sus argumentos, como ocurre todos los años, mientras mis hermanas intentaban poner paz y yo contemplaba con cierta repugnancia la fuente de insípido marisco antillano, los canapés de Bellugo Extra, el sucedáneo de caviar, y el vino espumoso que quiere parecerse al champán.
-¿Por qué será todo tan falso? -le dije a mi otra hermana, la monja.
-Todo falso no -corrigió:- la depresión y la tristeza son auténticas.

(Publicado en el diario El Mundo, edición de Sevilla)

Y para terminar...

Avion de Pasajeros entre nubes

Y unos regalos multimedia, ojo ocupan bastantes K's, así que si no tienes una conexión rápida o mucha paciencia no te recomiendo que te los bajes.

Hace falta para verlos algún visor multimedia tipo Winamp, Windows Media Player, Real Player etc.

Pasada de F14 (ocupa 1.3 Mb)

Thunderbird Crash (ocupa 1.8Mb)

DC-10 (ocupa 7 Mb)

Helicoptero hacia portaaviones (ocupa 2,77 Mb)

A320_crash (ocupa 983k)

A321 viento cruzado (ocupa 2.25 Mb)

B747 en Hong Kong (ocupa 890k)

C-130 lanzando bengalas (ocupa 2,7 Mb)

 

Actualizado el Monday, 02 February 2009

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